Los niños de Islandia pasan la Navidad leyendo

Escrito por: Editorial Dech En: Curiosidades El: jueves, diciembre 27, 2018 Comentario: 0 Hit: 602

Las familias de Islandia, el país en el que prácticamente no existe el analfabetismo, tienen como costumbre regalarse libros la víspera de Navidad. ¡Esto nos parece fantástico!

Muy lejos del hábito que han fomentado las grandes marcas en occidente de regalar juguetes, ropa o artículos electrónicos, en la Nochebuena el 63 % de los islandeses reciben un libro como obsequio. De ese porcentaje la mitad obtuvo dos o más. Pero la tradición va más allá de recibir los libros y coleccionarlos en un estante. 

Las familias islandesas pasan la víspera de Navidad leyendo las obras que en gran medida fueron editadas para la época. Al parecer esta costumbre se habría iniciado durante la Segunda Guerra Mundial. Debido a que se restringían las importaciones mientras durara el conflicto bélico, los ciudadanos de Islandia comenzaron a regalar los libros que se imprimían en el país.


'El aluvión de libros de Navidad' (Jólabókaflóð), como es conocido el fenómeno en Islandia, promueve que el 70% de los títulos del año salgan a la venta entre octubre y diciembre para atender la alta demanda de la población. De hecho, al principio de la temporada, se envía a los domicilios el catálogo de las novedades del año o se pueden consultar en línea.


De cada una de las obras se imprimen entre 1.000 y 20.000 copias. Una cifra muy alta en comparación con el número de habitantes de todo el país.

La demanda es tal que este año se instalaron estaciones públicas con códigos QR para que los habitantes pudieran descargar audiolibros a sus dispositivos electrónicos.

Una encuesta de 2014 reveló los altos índices de lectura per cápita al año en el país. Un 18,2% leyó entre uno y dos libros. El 20,1% llegó a los seis y siete, y un 11,8% superó los veintiuno.


Eso por no hablar de la producción literaria en el país. De acuerdo con la BBC uno de cada 10 islandeses publicará un libro en su vida. De ahí que, de los 900 libros que se publican en promedio, entre 70 y 80 sean novelas de autores nacionales.

Otro dato es el 93 % de islandeses que compra un libro al año, lo que hace que la industria sea sostenible y muy prolífica.

Contrastemos estas cifras con la cantidad de horas por día que dedican los europeos a leer: un informe de World Economic Forum de marzo de 2018 situó a Estonia como el país que más tiempo pasa dedicado a la lectura con 13 minutos al día. Le siguen Finlandia y Polonia con 12 minutos al día.

Islandia fue ubicada por el European Happy Planet Index como el país más feliz de Europa. El índice considera la calidad y expectativa de vida, así como, el número de lectores.

Esta relación entre los islandeses y la lectura le ha valido un reconocimiento internacional. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) bautizó a la capital de Islandia como la ciudad de la literatura en el 2003. Para difundir más las obras literarias el gobierno instaló bancos públicos donde se pueden descargar audiolibros.

Otras tradiciones de Islandia en diciembre son la de los trece hombrecitos navideños y la bota de los regalos. En vísperas de Navidad trece hombrecillos bajaban de las montañas para hacer travesuras. La leyenda contaba que ellos robarían los objetos más preciados de los niños. Actualmente, los pequeños del hogar ponen una gran bota desde el 12 al 24 de diciembre para que los personajes dejen sus obsequios, si es que se han 'portado bien' durante todo el año.

También acostumbran a estrenar algo en Nochebuena.


'Todo el mundo tiene un libro en el vientre.' (Cita islandesa)

La Leyenda islandesa de los trece hombrecillos de la Navidad

Cuenta la leyenda que en Islandia habitaban hace mucho, mucho tiempo, unos hombrecillos muy bajitos llamados jólasveinarnir, a los que les gustaba gastar  bromas a los niños, hasta el punto de atemorizarles. Todos ellos eran hermanos, hijos de una ogra llamada Grýla, pero cada uno tenía una particularidad. Eso sí, les encantaba esconderse entre las rocas, la nieve o los glaciares.

Los niños tenían auténticas pesadillas y, cada vez que veían a alguno de estos jólasveinarnir o enanitos, salían corriendo a esconderse en sus casas.

Los habitantes de este lugar, enfadados con esta actitud, decidieron pedir ayuda al rey o gobernante del lugar.
Al principio éste no les escuchó, hasta el día en que sus propios hijos recibieron la burla de estos hombrecillos.
Harto de esta situación decidió castigarles de esta forma:

Si no querían ser desterrados de por vida de Islandia debían llevar un regalo a cada niño, un día al año, como recompensa por todo el mal que les habían hecho.

Los hombrecillos, que eran trece, acordaron llevar los regalos antes del 25 de diciembre. Y como eran trece, la Navidad comenzaría trece días antes del día 25. Cada uno de ellos debía recorrer un largo camino hasta la casa de un niño. Pero como seguían siendo un poco traviesos, además del presente, dejaban también una travesura. También decidieron que solo dejarían regalo en forma de juguete, libro o dulce a los niños que se habían portado bien.
A los que se habían portado mal, les dejaría... ¡una patata!

Por si eso no fuera poco, también acordaron no renunciar nunca a su carácter travieso y burlón. Durante esas dos semanas previas al 25 de diciembre los hombrecillos gastarían bromas en cada hogar. Y como son invisibles, podrían hacerlo sin disimulo.

Y así es como, desde entonces, los niños islandeses no reciben la visita de Papá Noel sino la de trece hombrecillos que deciden, cada Navidad, si dejarán regalo o una patata a los pies del abeto navideño de cada hogar y que, de paso, gastan alguna que otra broma para dejar constancia de que pasaron por allí.

Si te portas mal conocerás a Grýla y si no estrenas ropa nueva te las verás con Jólakötturinn.


En las Navidades islandesas existen criaturas, como la ogra Grýla, que cada año (como si fueran la antítesis de Santa Claus) baja a pueblos y ciudades en busca de los niños que se han portado mal durante el año.

A pesar de que pasa la mayor parte del tiempo en la montaña, donde se esconde en una cueva imposible de localizar, es capaz de distinguir qué niños han tenido un mal comportamiento y cuáles han sido obedientes. Estos últimos pueden estar tranquilos pues la Grýla los ignorará totalmente e incluso, aunque entre en sus casas a buscar a alguno de sus hermanos, nunca los tratará de atrapar ni los devorará.

Y es que esta criatura, que a veces es descrita como una ogra, otras como un gigante y en algunas ocasiones se afirma que posee sangre de trol, tiene un gusto especial por los niños que se han portado mal, ya que al parecer saben mejor.

Una vez que los detecta no duda en devorarlos vivos en sus camas si tiene demasiada hambre, aunque habitualmente lo que suele hacer es guardarlos en un saco para llevarlos a su guarida donde los cocina vivos para hacer un rico estofado que se comen ella, su gato gigante y su marido.

Grýla ha atormentado a los niños en Islandia desde hace cientos de años y su nombre ya se menciona en la Saga Íslendiga y la Saga Sverre que datan del siglo XIII, si bien no fue hasta el siglo XVII cuando se asoció su figura con la Navidad.

Es tanto el temor que tienen los niños islandeses a esta criatura que en 1746 se declaró un decreto que prohibía aterrorizar a los niños tanto con Grýla como con los trece hombrecillos.

Estos últimos se dice que son los hijos que Grýla tuvo con su tercer marido, Leppalúði, un ogro que vive con ella en su cueva y que, aunque también tiene hábitos caníbales, es tan perezoso que nunca sale a cazar.

La pareja va acompañada de su mascota Jólakötturinn, un gigantesco gato de color negro que también sale de su guarida solo en épocas navideñas.

Cuenta la leyenda, que antiguamente en las granjas, los granjeros y ganaderos más aplicados y los que trabajaban más duro recibían ropas nuevas como regalo de Navidad.

Tanto los padres como los hijos sabían que esa ropa les podría salvar la vida, ya que Jólakötturinn salía de su cueva buscando personas que no llevaran ropa nueva, porque era un claro indicio de que habían sido perezosos y malos trabajadores. El gato de un tamaño descomunal los atacaba y los devoraba.

Este es el motivo por el que en Islandia es muy habitual regalar ropa en Navidad y vestir con prendas recién estrenadas ese día.

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