La teoría de la felicidad

Escrito por: Editorial Dech En: Material Terapéutico El: martes, marzo 29, 2016 Comentario: 0 Hit: 1595

La felicidad viene determinada por la genética, voluntad y circunstancias del individuo desde DECH os damos las claves para potenciarla y conseguir un mayor estado de bienestar.

Estudios recientes afirman que las personas con gran capacidad económica que disfrutan de actividades como conducir coches lujosos, recorrerse el mundo en los mejores hoteles o darse caprichos constantes no son las más felices del mundo. La Universidad de Colombia ha roto finalmente el mito de que el dinero da la felicidad, y afirma que sólo ayuda a sentirse menos desafortunado.


Sonja Lyubomirsky, autora de La ciencia de la felicidad, ha dedicado su trayectoria a medir científicamente el impacto de distintas estrategias y tareas en el aumento de la felicidad.  La investigadora afirma que el 50% de la felicidad viene dada por la genética, el 40% por la voluntad y el 10% se debe a las circunstancias del individuo. Es decir, heredamos una gran parte de nuestro bienestar de nuestros familiares más cercanos, todo esto se ve afectado por las circunstancias que tenemos, como nuestro lugar de residencia, pareja, trabajo pero la clave está en la actitud con que afrontamos nuestro día a día, es decir, nuestra voluntad e intenciones.


Diversos investigadores del nuevo campo de la Psicología Positiva han avanzado mucho en la respuesta mediante investigaciones científicas medibles, controladas y reproducibles. La felicidad no equivale al hedonismo, a la presencia de placer y a la ausencia de dolor. Uno de los pioneros de la Psicología Positiva, propuso una teoría del bienestar a partir de decenas de investigaciones, en la que lo describe los cinco elementos clave.


El primero de ellos es la emoción positiva, es decir, el placer, el éxtasis, la comodidad y el aspecto más hedónico de la vida (por ejemplo, lo que nos produce una buena comida, el sexo, descansar, mirar la televisión, ver una serie, sentir el agua caliente de la ducha caer en el cuerpo, hacer una escapada con amigos...). La mayoría de las personas suelen asociar esto a la felicidad y, sin embargo, es solo un aspecto.


Hacer una tarea significativa por los demás, desde pasar tiempo con la familia hasta involucrarse en una ONG o ayudar al prójimo en el día a día es también uno de los puntos claves. Encontrar un sentido o propósito a la vida más allá de uno favorece nuestro estado de bienestar.


Otro de los elementos es el fluir, un estado psicológico específico que experimentamos cuando hacemos una tarea que nos apasiona (practicar un deporte, hacer un trabajo que te apasiona, hacer un viaje esperado...). Durante esas actividades suceden sobre todo dos cosas: una es que perdemos la noción del tiempo; la otra cosa es que perdemos noción de nosotros mismos. Esto sucede porque baja la ansiedad y el estado de alerta. Para que exista el fluir tiene que haber un desafío u objetivo, que no sea muy grande, porque nos abrumaría, ni un desafío muy bajo, porque nos aburriría.


También ocupan un papel importante los logros, el éxito y la experticia. Esto, sin dudas, es algo que ocupa la mente de muchas personas durante gran parte del día. Como ya vimos, ciertos logros no traen necesariamente el aumento de felicidad que se espera, aunque la ciencia encontró que hay personas para las cuales sí funciona y es porque pueden venir acompañados, aunque no siempre, de emoción positiva, fluir y sentido.


Por último hablamos de las relaciones positivas, es decir, vínculos que nos permiten estimular nuestra evolución y nuestros logros satisfactorios. El punto de partida es una buena relación con nosotros mismos, sobre la base de una sana autoestima (conocerse, aceptarse y valorarse) para poder relacionarnos de la mejor manera con familiares, amigos, compañeros de trabajo o pareja. Esto fomentara la alegría, armonía y prosperidad en vez del miedo, conflicto o escasez.


Cada uno de estos elementos contribuye al estado de felicidad y tiene tres propiedades en común: favorece el bienestar, las personas lo buscan como fin en sí mismo y se pueden medir independientemente de los otros elementos.

Además de estos elementos desde DECH os proponemos una serie de actitudes y ejercicios que contribuyen a nuestra felicidad.

  • Dormir bien.

Dormir es muy importante para que tanto el cuerpo como el cerebro se recupere de su actividad diaria y tiene efectos muy positivos en nuestra alegría. Descansar bien ayuda a ser menos susceptible ante las emociones negativas y a afrontar el día con un una actitud positiva. Las personas que duermen mal tienen mayor tendencia a recordar con intensidad los eventos negativos y a olvidar los positivos.

La afirmación se sustenta con un experimento realizado por Walker en el que una serie de universitarios privados de sueño debían memorizar una lista de palabras. Recordaban el 81% de las palabras negativas, como cáncer, y sólo el 31% de las palabras positivas o neutras, como sol o baloncesto.

  • Ser agradecido.

"No dar lo bueno por hecho" Estar agradecidos por las cosas que tenemos es muy importante para ser conscientes de nuestra felicidad y disfrutarla más. De hecho, los participantes de un experimento ligado a la gratitud debían, en primer lugar, escribir una lista de las cosas por las que estaban agradecidos, y ese simple hecho ya mejoró su estado de ánimo.

  • Hacer ejercicio.

El ejercicio tiene un efecto tan profundo en nuestra felicidad y en nuestro bienestar que se ha convertido en una estrategia eficaz para combatir la depresión.  Los beneficios del deporte, sin embargo, no se limitan a las personas deprimidas. Igual que sus efectos son positivos en éstas, lo son en cualquiera que haga ejercicio y desee ser un poco más feliz a lo largo del día. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 kilómetros diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad.

  • Aprender a simplificar.

Identificar qué es lo verdaderamente importante y concentrarse en ello.

  • Meditar.

Además, meditar suele relajarnos y clarificar nuestra mente, lo que también contribuye a nuestra propia felicidad. Además de aumentar la creatividad y la inteligencia reduce el estrés y crea un estado de paz y bienestar.


 





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